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Convento de Santa Catalina de Siena

El Convento de Santa Catalina de Siena de La Laguna es considerado como un monumento por el Decreto 96/2013 de 20 de septiembre por la Consejería de Cultura, Deportes, Políticas Sociales y Vivienda.

Este gran complejo conventual es el resultado de la agregación de diferentes módulos constructivos, rodeados por un imponente muro perimetral, cuya extensión coincide con la de la manzana delimitada por las calles de La Carrera, Nava y Grimón, Viana y el callejón Deán Palahi. Fue edificado a partir de 1607 sobre el solar de las casas del Adelantado, que se encontraban en ruina, por donación del teldense y regidor de La Palma, Juan de Cabrejas. Su inauguración tuvo lugar el 23 de abril de 1611, si bien ha venido sufriendo ampliaciones y modificaciones hasta fechas relativamente recientes.

Se distinguen dos grandes unidades. Por un lado, el complejo conventual, al que se accede por el callejón Deán Palahi, a través de un pequeño patio y un torno. Las celdas se organizan en torno a un amplio claustro con columnas de piedra en planta baja y soportes de madera en los pasillos altos, rematándose mediante una galería alta de madera cerrada por ventanas acristaladas. Desde este espacio hacia él se desarrolla un abanico de celdas organizadas en torno a diversos patios sucesivos, en los que se conservan las edificaciones originales, con algunas transformaciones puntuales, salvo en el caso del Patio de Santa Catalina, profundamente alterado en las últimas décadas.

En el extremo oeste el conjunto integrado por el antiguo noviciado se articula en torno a otro patio, adosándose el sector de huerta.

La segunda gran unidad del convento, que ocupa la fachada orientada a la Plaza del Adelantado, es la iglesia conventual, organizada en una sola nave y en la que destaca el presbiterio sobreelevado mediante un graderío, con las dos puertas de acceso, delimitadas por sendos arcos de medio punto en cantería roja. En la parte posterior, el coro se organiza en dos niveles, cerrándose mediante un enrejado lígneo.

El muro perimetral es prácticamente ciego, salvo las citadas portadas de la iglesia, así como las de acceso al complejo, junto con algunos ventanales en la fachada a la calle La Carrera abiertos cerca del alero. Como elemento más destacado de los mismos han de citarse los dos miradores cerrados mediante ajimeces construidos en la segunda mitad del siglo XVII.

Destacan los retablos de la iglesia conventual. El primero de ellos correspondiente a la imagen de la Virgen epónima, obra de Antonio de Orbalán entre 1665 y 1677, mientras que en el lado del presbiterio se ubica el retablo de la Virgen del Tránsito, de principios del siglo XVIII.

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