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Ermita de San Isidro Labrador

La Ermita de San Isidro Labrador de Granadilla de Abona es considerada como un monumento por el Decreto 158/2008 de 15 de Julio por la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes.

La ermita de San Isidro construida en la segunda mitad del siglo XVII constituye una fábrica de nave única, con la cabecera orientada hacia el este y una sacristía adosada en el costado sur. La ermita está emplazada en la margen del antiguo camino -hoy avenida de Santa Cruz- que conducía desde Granadilla hasta la costa.

La fachada principal se muestra enteramente revocada de cal. El hastial es triangular, siguiendo las vertientes del tejado y el hueco de la portada es de medio punto, sin cantería vista. El marco de la puerta, con moldura acanalada, describe un arco de medio punto; el dintel, también acanalado, hace las veces de entablamento del frontón semicircular. En el lado norte de la fachada se halla una espadaña de cantería con hueco de medio punto, frontón triangular y una cruz de piedra en el remate. Su campana original fue sustraída hace medio siglo.

En la fachada sur se aprecia el módulo cuadrangular de la sacristía, con cubierta a tres aguas. En esta fachada se han practicado dos puertas: la propia de la sacristía, que es antigua, y la de la nave, de factura reciente, abierta por motivos de seguridad dado el escaso ancho de acera que separa la puerta principal de la carretera. El interior ofrece un artesonado de par e hilera con tres faldones, dos tirantes y dos cuadrantes en la cabecera, además de tablas de forro. El pavimento, conformado por losetas de cantería, también es nuevo y sustituye a otro de cemento colocado años atrás.

La puerta principal ha sufrido modificaciones aún anteriores a la restauración: ha sido recortada y se le han añadido escalones para salvar el desnivel creado por la elevación de la calzada. Cuenta con el habitual sistema de giro con goznes que penetran respectivamente en el dintel y en los quicios metálicos del umbral. Dos ranuras practicadas en los derrames sujetan una aldaba que asegura la puerta. Las carpinterías son nuevas, de tea, fruto de la restauración en curso; pues las antiguas se hallaban en estado lamentable. Por último, en la pared norte quedan huellas de una puerta, hoy condenada, que facilitaba el acceso desde la explanada.

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