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La Fuentecilla de Juan Fernández

La Fuentecilla de Juan Fernández en Tacoronte es considerada como una zona arqueológica por el Decreto 128/2008 de 3 de Junio por la Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes.

La Zona Arqueológica se localiza sobre un acantilado costero, extendiéndose desde el nivel del mar hasta una cota de 90 m.s.n.m., en el ámbito de Juan Fernández -entre el Barranco del Palmito y la Baja de la Media Luna- en el tramo costero del municipio de Tacoronte.

Desde el punto de vista geomorfológico, el área se configura como un gran apilamiento de coladas basálticas de la Serie III. La pendiente en este tramo acantilado es mucho menos abrupta que en los tramos vecinos de El Pris y de Mesa del Mar, con un descenso más suave sobre la denominada Caleta de Juan Fernández. A lo largo del acantilado, la erosión diferencial ha abierto numerosas cuevas y oquedades en aquellos estratos más vulnerables -piroclastos, tobas o niveles más superficiales escoriáceos de las coladas- frente al carácter masivo y resistente del interior de la colada basáltica, propiciando la proliferación de cavidades que fueron utilizadas por la población prehistórica de la isla como recintos habitacionales o nichos funerarios.

Desde el punto de vista de los valores naturales de este ámbito, la vegetación dominante se caracteriza por un tabaibal-cardonal relativamente bien conservado y rico florísticamente, encuadrado dentro de la alianza Kleinio-Euphorbion canariensis. Sobresalen las tabaibas dulces (Euphorbia balsamifera), el cardón (Euphorbia canariensis), el cornical (Periploca laevigata), vinagreras (Rumex lunaria), tabaibas amargas (Euphorbia broussonetii), incienso (Artemisia canariensis) y especies introducidas, como las tuneras, agaves y un espeso cañaveral que ocupa el cauce del barranquillo, conocido como La Fuentecilla. Las zonas más rocosas y verticales muestran una vegetación rupícola característica, mientras que en los numerosos puntos de agua aparecen ejemplos de especies higrófilas. La existencia de una extensa rasa marina, al descubierto durante la bajamar, propicia la riqueza faunística, en especial de especies intermareales y avifauna marina.

El rasgo más singular de este lugar es la existencia de un estrecho cauce de gran pendiente, en el que nacen varios manantiales a diferentes alturas, debido a la existencia de niveles impermeables de almagre que posibilitan la salida de las aguas infiltradas hacia el exterior. La abundancia de agua -incluso en la actualidad- justifica el topónimo de La Fuentecilla o Fuente de Juan Fernández.

El ámbito estudiado presenta un alto grado de antropización, debido a la existencia de una antigua hacienda, conformada por diversas edificaciones (vivienda principal, vivienda de medianeros, cuartos de aperos, cuadras, etc.), así como infraestructuras asociadas: un pequeño lavadero propio, con pila y caños, algunos depósitos de agua, un puente de piedra y mampostería y antiguos jardines con jardineras, bancos de cemento, explanadas, etc. Por debajo de la vivienda se escalonan hacia el mar las antiguas terrazas de cultivo -hoy abandonadas-, dedicadas en el pasado a cultivos de regadío; mientras que frente a la edificación principal existe una pequeña oquedad artificial (a modo de corta galería), de la que fluye agua permanentemente.

En todo el entorno se registran numerosas cuevas naturales, algunas de cierta amplitud, abiertas por la acción de los agentes morfogenéticos en los niveles más escoriáceos de contacto entre las coladas basálticas masivas, así como por fenómenos de tafonización debidos a la acción de la maresía. Las oquedades se localizan en los sectores más abruptos y ofrecen unas condiciones idóneas para la habitabilidad en época prehistórica, tanto por su amplitud, como por su orientación al oeste y NO o por la proximidad de abundantes recursos acuíferos. El suelo de estas cuevas presenta un nivel sedimentario de relleno bastante débil, con algún vestigio de material arqueológico aflorante, aunque, en muchos casos, los frecuentes derrumbes de las cornisas y bóvedas sepultan el suelo original de las mismas.

Existen varios grupos de cuevas, ubicados a diferentes alturas, aunque el conjunto principal se sitúa en las inmediaciones de la vivienda tradicional. No obstante, el acceso a la mayoría de las cavidades es imposibilitado por la exuberante vegetación, que en muchos casos oculta muchas de las oquedades.

Además de estos recintos de importancia arqueológica, el área de La Fuentecilla cuenta con otras construcciones de interés etnográfico, como son los lavaderos situados al oeste de la hacienda. Aprovechando un cejo longitudinal del escarpe rocoso, aparece una gran pila longitudinal, de morfología ligeramente curva, de unos 10 m de longitud x 0,70 m de anchura. Los lavaderos están fabricados con bloques de basalto trabajados, de manera que las piedras de lavar, con una superficie tallada en ángulo oblicuo, se alinean en uno de los laterales de la pila. En uno de los extremos de ésta existe un caño que alimenta el lavadero.

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