Portada » Hacienda de Las Palmas

Hacienda de Las Palmas

La Hacienda de Las Palmas de Santa Cruz de Tenerife es considerado como un monumento por el Decreto 47/2014 de 22 de Mayo por la Consejería de Cultura, Deportes, Políticas Sociales y Vivienda.

La Hacienda de Las Palmas de Anaga constituye un magnífico ejemplo de arquitectura rural histórica de la isla, vinculada al auge del cultivo del viñedo durante el siglo XVII, como centro de explotación agrícola y vivienda temporal del propietario; mientras que su ermita anexa satisfizo los servicios religiosos del vecindario disperso del lugar.

La hacienda muestra una planta en C, característica de muchas construcciones análogas en la isla, con la pequeña ermita emplazada en su ángulo NE, como cuerpo exento, y articulada en un único nivel de altura. La fachada principal se orienta al norte y en su extremo occidental se localiza la portada enmarcada en sillería y puerta de dos hojas de madera, hoy desaparecidas. A través del zaguán se accede al patio principal, como elemento articulador de la vivienda.

Desde el punto de vista funcional, la edificación se dividía en dos sectores claramente diferenciados, con un total de 11 dependencias: el área de servicios, al este, con pavimento de tierra batida (salvo el granero, que era de madera); y el área doméstica, al oeste, con artesonados de cierta calidad, incluyendo la cocina (que conserva dos hornos y la chimenea) y donde también se localizan las bodegas. Las habitaciones de este sector se encuentran comunicadas entre sí, a diferencia del otro sector, en que las dependencias no tienen comunicación interior.

Los pavimentos del sector noble alternan la piedra con losetas de barro cocido y solo la bodega es de tierra apisonada. Algunas de las ventanas que se conservan son de guillotina y no se corresponden con las originales. La toba roja empleada en los sillares esquineros y en la estructura de algunas de las paredes procedía de una cantera situada en el cercano Roque del Aderno.

La edificación principal se halla delimitada por un camino o paseo cubierto de losas de piedra.

La Ermita de San Gonzalo posee una única portada de medio punto en cantería, con espadaña en idéntico material y pavimento de losetas de barro cocido. Al exterior presenta cubierta a cuatro aguas con teja curva, mientras que al interior se documenta un interesante artesonado ochavado, con pinjante esquematizado. Sus decoraciones florales y geométricas son características del barroco.

En los alrededores de la casa principal aparecen diferentes edificaciones -casas de labranza, ocupadas por medianeros o trabajadores agrícolas- vinculadas a aquella y con rasgos constructivos característicos de la arquitectura tradicional. En concreto son seis conjuntos, uno de ellos sin cubierta; si bien los restantes muestran un aceptable estado de conservación. En algunos casos aparecen conformados por varios módulos simples adosados, con cubiertas de teja a dos y cuatro aguas.

Repartidos por todo el ámbito aparecen elementos relacionados con las prácticas agrícolas y ganaderas desarrolladas en este lugar; aljibes, estanques, dornajos, lagares, en buena parte de los casos excavados en depósitos de toba roja. También se registra un afloramiento rocoso con débiles incisiones, asimilables a grabados rupestres, así como algunas cazoletas excavadas en la toba de adscripción cronológica imprecisa.

Las primeras referencias históricas del inmueble que nos ocupa se remontan a los primeros años del siglo XVII, cuando Gonzalo Fernández de Ocampo adquiere la finca de Las Palmas en 1610 a la familia Armas. El linaje de los Fernández Ocampo está establecido en Tenerife desde la Conquista y sus miembros ocuparon importantes cargos públicos en el gobierno de la isla. El primer titular de la propiedad llegó a ser capitán de milicias y regidor perpetuo.

El interés por la adquisición de estos terrenos se justifica por la importancia que cobra el cultivo del viñedo en esta centuria y por la rentabilidad de su comercio. A pesar de su aislamiento por tierra, las terrazas bajas del norte del Macizo de Anaga disponían de tierras fértiles y de una relativa buena comunicación por vía marítima para la salida de la producción vitícola; circunstancia que justifica la ubicación de la hacienda, junto con las vecinas de Benijo y Las Breñas.

Ya en 1684 existe constancia de la construcción de la Ermita de San Gonzalo de Amarante, aneja a la hacienda, por Pedro Fernández de Ocampo. En 1681 este propietario menciona «las casas grandes de mayorazgo» que poseía en el Valle de Las Palmas y que, con seguridad, aludiría a la actual hacienda, acreditando su antigüedad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio